La importancia de tener un propósito en la vida la entendí mirando a la gente grande. No a los famosos: a los abuelos, a los vecinos, a los viejos del barrio. Y me di cuenta de algo que me pegó fuerte.
Tener un propósito es tener una razón para levantarte que va más allá de vos mismo: algo que hacés, que sabés hacer, y que le sirve a otras personas. No es una frase motivacional. Es lo que separa sobrevivir de vivir.
Dos personas de la misma edad, dos vidas distintas
Pensá en dos personas mayores. Las dos tienen 80 años. Las dos tienen achaques, alguna enfermedad, días buenos y días malos.
La primera dejó de tener algo que hacer. Se jubiló, los hijos crecieron, nadie le pide nada. Termina en un geriátrico mirando la tele, y de a poco se le van las ganas. No porque el cuerpo no dé más, sino porque ya no encuentra para qué.
La segunda también está grande y también tiene sus problemas de salud. Pero sigue haciendo algo: es la costurera a la que todo el barrio le lleva la ropa, el profesor que sigue dando clases particulares, el mecánico al que los pibes le van a preguntar, la abuela que cuida a los nietos y le enseña a cocinar a media familia. Esa persona tiene un motivo. Alguien la necesita. Y eso la mantiene de pie.
No es casualidad. Hay estudios con adultos mayores, como el Rush Memory and Aging Project en Estados Unidos, que encontraron que las personas con un sentido de propósito más fuerte tendían a vivir más y a mantener mejor sus capacidades. La ciencia todavía discute el porqué, pero el patrón se ve en cualquier barrio.
¿Por qué el propósito te cambia la vida?
Porque cambia la pregunta. Sin propósito te preguntás “¿cómo la paso lo mejor posible?”. Con propósito te preguntás “¿a quién puedo servir hoy con lo que sé?”. La primera pregunta te deja cómodo y vacío. La segunda te deja cansado, pero lleno.
- Te da disciplina sin tener que forzarla: cuando alguien depende de vos, te levantás aunque no tengas ganas.
- Te hace aguantar el dolor: las pérdidas y los golpes duelen igual, pero tenés hacia dónde ir después.
- Le da valor a tus habilidades: lo que sabés hacer deja de ser un hobby y pasa a ser una forma de ayudar.
- Te conecta con la gente: el propósito casi siempre involucra a otros.
Mi propósito, en criollo
Yo lo viví. Llegué a Miami a dormir en un hostel. Hubo pérdidas y momentos en los que cualquiera largaba todo. Lo que me sostuvo no fue la plata, porque no había. Fue saber para qué hacía lo que hacía: ayudar a emprendedores a tener su web, su tienda, sus redes, y hoy sus automatizaciones con IA, para que puedan vivir de lo suyo. Eso empezó en 2019 con Guruseo y hoy es King Studio AI. Si querés la historia completa, la conté en de un hostel en Miami a un negocio con IA.
Cada vez que un cliente me escribe “ya me entró la primera venta por la web”, entiendo por qué me levanto. Ese es el motor.
Cómo encontrar tu propósito (sin esperar una señal del cielo)
- Hacé la lista de lo que sabés hacer. Oficio, profesión, lo que te sale fácil y a otros les cuesta. Todo cuenta.
- Anotá qué problemas de otros te duelen. ¿Qué cosas ves a tu alrededor que te dan bronca o te gustaría arreglar?
- Cruzá las dos listas. Donde lo que sabés se encuentra con lo que otros necesitan, ahí hay un propósito posible.
- Probá en chiquito esta semana. Ayudá a una persona concreta. Enseñale algo, resolvele un problema, acompañala.
- Medí cómo te sentís, no solo cuánto ganás. Si te da energía aunque te canse, vas bien.
- Hacelo sostenible. Un propósito que también te paga las cuentas dura más. No tiene nada de malo cobrar por ayudar bien.
El propósito no se jubila
Lo que más me quedó de pensar en los abuelos es esto: el propósito no tiene edad. Podés encontrarlo a los 25, renovarlo a los 46 o descubrirlo a los 75. Lo único que no podés hacer es dejar de buscarlo. Y si tenés gente grande cerca, preguntales qué saben hacer y pediles que te enseñen. Capaz les estás devolviendo el motivo.
Si tu propósito pasa por enseñar lo que sabés o vivir de tu oficio, el primer paso suele ser tener dónde mostrarlo. Arrancá por ordenar tu día con este checklist de qué automatizar primero, y seguí leyendo más en el inicio.
Poné el laburo, buscá tu para qué y seguí subiendo de nivel.
— Patricio “King” Olivera
Preguntas frecuentes
¿Por qué es importante tener un propósito en la vida?
Porque te da una razón para levantarte, sostenerte cuando las cosas se ponen difíciles y medir tus días por algo más que la comodidad. Un propósito convierte el esfuerzo en sentido.
¿Cómo encuentro mi propósito si no sé por dónde empezar?
Empezá por lo que ya sabés hacer y por los problemas de otros que te importan. Probá ayudar a una persona concreta con una habilidad tuya esta semana y fijate cómo te sentís. El propósito se descubre haciendo, no esperando.
¿Se puede tener un propósito a cualquier edad?
Sí. Muchas personas encuentran o renuevan su propósito después de jubilarse, de una enfermedad o de una pérdida. Enseñar, acompañar, crear o servir a otros sigue disponible a los 30, a los 60 y a los 80.
¿Listo para el próximo paso?
Si tu propósito es vivir de lo que sabés hacer, necesitás un lugar donde la gente te encuentre y te pueda contratar.
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